
El cielo y el mar continuaron jugueteando en aquellos días de agosto, cuando la lluvia caía por la ciudad continuamente. Era sublime caminar entre esa hermosa ciudad colonial, sus pisos antiguos con pequeñas y grandes gotas de agua, sus árboles que bailaban al sonido del viento y el espléndido olor de la tierra húmeda. Sus vacaciones se convertían en una larga espera para reunirse los primeros días, pues ella siempre salía a veranear con sus padres y Él se dedicaba arduamente a practicar fútbol con el sentido de matar el tiempo, que se hacía tortuoso cada día que se levantaba sin ella, sin respirar su aroma y escuchar su risa. Sé que fueron varios veranos de los que disfrutaron, de los que caminaron...